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Espacios y lugares en torno a la mujer y a las mujeres

  • 8 ago 2016
  • 8 min de lectura

“Debajo de lo cotidiano descubran lo inexplicable

Detrás de la regla consagrada disciernan lo absurdo

Desconfíen de los gestos menores, de los actos triviales,

De todo lo que parece simple y sencillo.

No acepten lo habitual como cosa natural.

En una época en donde impera la confusión…

en que se ordena el desorden,

en que la arbitrariedad adquiere fuerza de ley,

en que la humanidad se deshumaniza…

No digas nunca ¡Es natural!

Ninguna forma de relación social debe pasar por

Natural. Nada debe parecer imposible de cambiar”.

Bertold Brecht, La excepción y la regla

El análisis acá desarrollado pertenece a la Lectura de la Realidad Comunitaria, referente al programa de la Residencia de Psicología Comunitaria. El mismo parte del Centro de Salud (CS) en que cada residente está inserto.

Esta línea de análisis surge de los recorridos, entrevistas con referentes barriales, cartografías con grupos de mujeres y jóvenes, pertenecientes a un Centro de Salud de zona Este de la Ciudad de Salta Capital. Es llamativo que en los distintos espacios se expresan (en reiteradas ocasiones) nociones, roles, preocupaciones en torno a las mujeres, como así también los distintos tipos de violencias que sufren, y los lugares que ocupan territorialmente.

Partiremos de las nociones de territorio, para poder ahondar los lugares físicos y simbólicos que tienen las mujeres en estos barrios en particular. Entendemos al territorio siguiendo a Arias (2013) como un espacio habitado, donde se desarrollan relaciones sociales y cotidianas. Cabe preguntarnos ¿Qué lugares ocupan cotidianamente las mujeres? ¿Por dónde circulan? ¿Cómo los ocupan?

En los recorridos por las instituciones se pudo observar que hay grupos de mujeres (jóvenes y adultas) en los comedores infantiles, en el centro de jubilados donde van a aprender a cocinar/tomar cursos de cocina, en las clases de corte y confección, en cooperativas. Se infiere que las actividades de aprendizaje o los motivos que las reúnen parecen estar ligados a un rol materno e histórico (que se expresa por ejemplo en las prácticas de cocinar en un comedor para la familia o en el asistir a las clases de cocina) y también a la necesidad de inserción laboral (las capacitaciones reflejan la búsqueda laboral constante)


En su discurso sostienen:

“¿las mujeres donde se juntan? [1]

-no nos juntamos

- no tengo tiempo para juntarme

- para divertirse no hay tiempo, hay que limpiar

-a las salidas de los colegios

-nos quedamos en la casa, hay cosas que hacer

-nos juntamos así entre dos o tres, yo antes no salía, pero ahora nos juntamos a comer a apoyarnos hablando

-yo antes era así que no salía “(registro de Cartografía social, mujeres de cooperativas)


Se observa, por un lado, un grupo de mujeres adultas que circulan en un espacio territorial ligado a lo cotidiano y a estar sólo en el ámbito privado y a las tareas domésticas, sin lugar al intercambio con otros u otras. Por otra parte, los lugares externos al ámbito doméstico, se frecuentan al acompañar a los hijos en actividades “afuera de los colegios”. También aparecen sitios de encuentro entre mujeres como apoyo y ayuda en la economía doméstica, pero estos últimos se invisibilizan cuando surge la pregunta de dónde se juntan las mujeres, cabe la interrogación ¿Qué construye el encuentro entre mujeres?

Estos lugares territoriales ligados en su mayoría a lo privado, dentro del hogar, donde la mujer sale poco ¿A qué lógicas responden? ¿Por qué los lugares donde se encuentran las mujeres están atados a lo nutricional (comedores, clases de cocina para cocinar a la familia)? Para poder profundizar sobre las respuestas a estas preguntas se hará hincapié en las concepciones sobre género.


“Este concepto esta socio-históricamente construido, establece relaciones de poder y asigna roles que son internalizados y aprendidos desde el nacimiento y que configuran las prácticas y conductas de nuestro quehacer cotidiano. Estas definiciones de “género” modelan los cuerpos, los imaginarios, las creencias y establecen las diferencias desigualadas entre lo masculino y lo femenino, en las que está instituido que la mujer debe ser: “…débil, pasiva, dulce, tierna, protegida, de la casa, mantenida, femenina y madre” y el hombre “fuerte, activo, capaz, agresivo, protector, de la calle, proveedor, propietario, viril” (Sistematización: Marcha #Niunamenos Balestrini, Cañizarez, D’Arterio, di Pasquo, Fayos 2015:4)


Aguirre, Melisa Lorena, Rubiano, María Emilia mencionan:


“La división del trabajo se construye alrededor de una tendencia de separación de la esfera pública, masculina, visible, asociada la política y la guerra y a una esfera doméstica, privada, femenina, invisible, atada a la reproducción y el cuidado de los niños; esto es así debido a que se realiza una interpretación cultural de las diferencias biológicas, que se extiende hasta abarcar gran número de otras actividades” (2009: 43)


Podría inferirse que estos roles aprendidos, e internalizados marcan los lugares territoriales y geográficos donde las mujeres circulan cotidianamente e instituye las prácticas, acciones, los cuerpos, los pasos, los recorridos barriales, los espacios donde está permitido “andar”, otros a los que no se accede , otros que están invisibilidades y otros a los que se asiente de forma “tutelada”.

Ana María Fernández (1993) conceptualiza el constructo de Tutela, propone que en la modernidad se establecen contratos sociales

“Para las mujeres y niños se establecieron formas tutelares, y el mundo doméstico, privado fue el mundo circunscripto de sus prácticas” (155).


Esta “tutela” de lo privado y domestico se ponen en juego y se reproducen cuando las mujeres circulan por espacios públicos:

“Queda feo que vayas a la calle y cuando te demores y el marido te vaya a buscar y te diga ¿Qué haces acá? que te grite delante de toda la gente, es una vergüenza, que no pase” “(registro de Cartografía social, mujer de cooperativas)

“Una vez vio un marido que fue a la salita a buscar a la mujer y le dijo: que piensas que estas hace media hora que saliste y no volvés y la mujer le respondió: vení vos quédate y espera el médico y se quedó callado y se fue. Luego la mujer me conto: este me va a pegar cuando llegue a casa” (registro de cartografía social, mujer de cooperativas)


Este “tutelaje” de la mujer en otras instituciones que no son las familiares se da bajo el “control” de una pareja que vigila los tiempos, en que están fuera del hogar y hasta recrimina “estas salidas”.


Ana María Fernández sostiene:

"Es sin duda el espacio de la conyugalidad y la familia el lugar donde los reciclajes de la subordinación de género se encuentran más a la vista y al mismo tiempo más ocultos, en tanto su práctica cotidiana naturaliza relaciones de dependencia objetiva y subjetiva. “(1993:157).



Estas prácticas de tutelaje podrían entrar en relación con el contexto socio-económico que es productor de relegaciones hacia lo domestico como parte de economías de subsistencia.

Se puede inferir que estos tutelajes ponen en tensión la autonomía de las mujeres se abren varias preguntas ¿Qué significa esta autonomía para los otros y para las propias mujeres?


Ahora bien, estas son las voces de las mujeres adultas, ¿qué dicen las y los jóvenes en relación a cual es vivencia de transitar en el espacio público? En la cartografía social realizada con adolescentes, se comentó:

“El otro día que yo iba caminando, se pararon unos chicos en el semáforo, y no me dejaban avanzar, yo me iba para atrás y se iban para atrás y me decían guarangadas y me asuste”

“Todo el tiempo nos dicen guarangadas”

“La mujer es más propensa a sufrir esas cosas”

“Es como un objeto sexual ““(registro de cartografía social- adolescentes mujeres)


En estos relatos se refleja que las adolescentes cuando circulan por las calles reciben distintas comentarios en relación a atributos sexuales femeninos. Lo que hace que circular por el territorio geográfico también lleve una carga simbólica en relación a las construcciones de género. Como ser concepciones de inferioridad y de cosificación en cuanto a los vínculos y al acercamiento.

Las jóvenes también hicieron referencia al parque industrial:

“zona roja, secuestros violaciones” (registro escrito de cartografía social)


En este caso las adolescentes hicieron referencia a una mirada sobre la mujer en los barrios ligada a acoso callejero, zonas de prostitución, secuestros, poniendo a la mujer, como ellas mismas las mencionan, como “objeto”. Ante esto surgen varios interrogantes ¿Qué otras construcciones de sentido habitan estas conductas? ¿Cuáles son las marcas que los territorios imprimen a las experiencias cotidianas? ¿Quiénes sancionan estas acciones?



Que nos sepan valorar”


Ahora bien, estas construcciones en torno al rol de la mujer, se crean y recrean, a su vez, en los vínculos con los otros.

En los discursos se observa que en relación a esos “otros” se espera y desea:

“Que nos sepan valorar (en coro)

¿Cómo se imaginan el trato de las mujeres acá a 10 años? [2]

Nosotras rameándolos de los pelos (Risas)

Que nos sepan respetar y nosotras también hacernos valorar

Que nos hagamos valorar: En el trabajo, malas palabrotas nos dicen

Que nos comprendan” (registro de cartografía social, mujeres de Cooperativas)


Sin la intención de hacer un análisis basado en los opuestos, pero si en las contradicciones y en la tensión que se generan en las construcción de los vínculos inferimos que hay un llamado a un “otro” que valore a las mujeres.

¿Quiénes son esos otros? En este caso son parejas, compañeros del trabajo, en ámbitos laborales y domésticos. Vínculos que denotan ciertas posiciones asimétricas en torno a la concepción de la mujer y marcan los cuerpos, las subjetividades e identidades. Y a su vez la posibilidad de revertir esta posición desigual es también haciendo de forma activa lo vivido, como una cuestión de venganza como herramienta “

Ana María Fernández sostiene que

“Los posicionamientos sociales, culturales, subjetivos y eróticos de cada género son el resultado histórico de la dinámica de su correlación de fuerzas en el orden del poder. Los hombres están donde están porque tienen más poder que las mujeres y porque ejercen en todo momento tanto en la vida privada como pública, ya sea deliberadamente o sin darse cuenta” (1993: 112)


Ahora bien entendemos este poder como un poder “naturalizado”, simbólico, invisible y visible. Invisible en lo respecta a las responsabilidades domésticas, simbólicas en el pedido de “valoración” por parte de las mujeres. Y naturalizado en la reproducción de los vínculos agresivos hacia las mujeres, que se instituyen de generación en generación y que en algunos momentos se cuestiona y en otros no.

“Yo creo que no podemos depender de los maridos, si te maltratan hay que separarse, si te pego, te dejo el ojo morado, te quebró (…) nunca me va a tocar un hombre (…) Yo pienso que a nosotros solo los puede tocar nuestro padre, pero un marido no. Mi papá me pegaba cuando era chica, pero un marido no,” (registro de cartografía social, mujer de Cooperativas)


¿Este tipo de violencia solo se da en estos barrios? ¿Cómo es el contexto en Salta? ¿Qué hay detrás de la aparente “Salta la Linda”? Realizando unan búsqueda de datos estadísticos en distintos diarios encontramos:

“Salta encabeza la tasa de femicidios por cada 100 mil habitantes, con 1,56 (…) Si se compara el número de femicidios en relación con la cantidad de población (…) Salta es la que tuvo un porcentaje más elevado en 2014” (diario el Tribuno, 1° de Abril 2016)

“Salta, la provincia con la tasa más alta del femicidios de la Argentina (...).También es la provincia que lidera el ranking nacional de víctimas de trata de personas, con 64 casos en 2015, según el informe del Ministerio de Seguridad de la Nación” (diario Pagina 12, 4 de junio de 2016)


Teniendo en cuenta la cantidad de habitantes en Salta que es mucho menor que en Buenos Aires o Córdoba, Salta ocupa una de los primeros puestos, datos alarmantes que llevan a cuestionamientos. Mujeres en donde la violencia arrasa con su subjetividad, historia, proyectos. Quedan muchas preguntas, para seguir pensando y como actores del Estado en Salud publica cuestionarnos ¿Qué espacios e instituciones las alojan? ¿Qué pasa cuando las mujeres se juntan? ¿Qué acontece?


Bibliografía


-Aguirre, M L, Rubiano, M E. Supervisora: Buffa S (2009) Alcances de las Redes Sociales en la Prevención de la Violencia de Genero en mujeres de la zona Noroeste de Córdoba Capital.

-Arias, A. (2013). Lo territorial en el territorio de la Argentina. Connotaciones históricas, políticas y culturales de lo social de los territorios. Revista Margen. N° 71.

-Balestrini, Cañizarez, D’Arterio, di Pasquo, Fayos (2015). Sistematización: Marcha #Niunamenos. Residencia de Psicología Comunitaria. Salta: [no publicado]

-Fernández, Ana María: (1993) La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres. Buenos Aires. Paidos.

-Fernandez, A.M. (2015, Mayo 28) “Femicidios Intimos”. Extraído de http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-273633-2015-05-28.html

-“Salta fue la provincia con más femicidios por habitante en 2015” 1 de Abril de 2016.El tribuno diario recuperado en: http://www.eltribuno.info/salta-fue-la-provincia-mas-femicidios-habitante-2015-n695410

-“Un país, un grito”. 4 de junio de 2016 Pagina 12 diario recuperado en:http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-300967-2016-06-04.htm






[1] Esta es una pregunta que realiza la Residente de Psicología Comunitaria, en este caso se transcribe los diálogos y asociaciones que surgen en el taller de cartografía social.



[2] Esta es una pregunta que realiza la Residente de Psicología Comunitaria, en este caso se transcribe los diálogos y asociaciones que surgen en el taller de cartografía social.

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